La perimenopausia es una etapa de transición que puede traer consigo diversos cambios físicos y emocionales en la vida de una mujer.
Durante este período, que puede comenzar varios años antes de la menopausia, el cuerpo experimenta fluctuaciones hormonales que afectan el bienestar general.
Incorporar ejercicio terapéutico no solo ayuda a manejar estos cambios, sino que también mejora la calidad de vida y previene complicaciones futuras.
Beneficios del ejercicio físico durante la perimenopausia
El ejercicio físico regular ofrece múltiples beneficios para las mujeres en la perimenopausia, tanto a nivel físico como emocional. Uno de los principales beneficios es la mejora en la salud ósea.
Durante esta etapa, la disminución de estrógenos puede acelerar la pérdida de masa ósea, aumentando el riesgo de osteoporosis. La actividad física, especialmente los ejercicios de resistencia y carga, ayuda a fortalecer los huesos y a mantener su densidad.

Además, el ejercicio contribuye a controlar el peso corporal, que suele aumentar en esta etapa debido a cambios hormonales y metabólicos.
Mantener un peso saludable es fundamental para prevenir enfermedades cardiovasculares, que se vuelven más frecuentes después de la menopausia.
También mejora la circulación sanguínea y reduce la presión arterial, favoreciendo la salud del corazón.
Por otro lado, la actividad física tiene un impacto positivo en el estado de ánimo y la salud mental. Muchas mujeres experimentan ansiedad, irritabilidad y depresión durante la perimenopausia.
El ejercicio libera endorfinas, conocidas como las hormonas de la felicidad, que ayudan a mejorar el ánimo y reducir el estrés. Asimismo, mejora la calidad del sueño, otro aspecto que suele verse afectado en esta etapa.
Actividades físicas recomendadas para mujeres en la etapa premenopáusica
Existen diversas actividades físicas que se adaptan a las necesidades y condiciones de las mujeres en la perimenopausia.
Entre las más recomendadas se encuentran los ejercicios aeróbicos, como caminar, nadar o andar en bicicleta. Estas actividades favorecen la salud cardiovascular y ayudan a mantener un peso adecuado.

Los ejercicios de fuerza o resistencia son igualmente importantes, ya que contribuyen a preservar la masa muscular y la densidad ósea. Levantar pesas ligeras, usar bandas elásticas o realizar ejercicios con el propio peso corporal, como sentadillas y flexiones, son opciones accesibles y efectivas.
Además, las actividades que combinan movimiento y relajación, como el yoga y el pilates, son ideales para mejorar la flexibilidad, el equilibrio y reducir el estrés. Estas disciplinas también ayudan a aliviar dolores musculares y articulares, comunes en esta etapa.
Claves para iniciar y mantener una rutina de ejercicio en la perimenopausia
Comenzar una rutina de ejercicio puede parecer desafiante, especialmente si no se tiene un hábito previo.
Sin embargo, establecer objetivos realistas y progresivos es fundamental para mantener la motivación. Es recomendable empezar con sesiones cortas, de 20 a 30 minutos, e ir aumentando la duración e intensidad gradualmente.
Otro aspecto clave es elegir actividades que resulten agradables y se adapten al estilo de vida personal. La variedad también ayuda a evitar el aburrimiento y trabajar diferentes grupos musculares.
Contar con el apoyo de un profesional, como un entrenador o fisioterapeuta, puede facilitar la adaptación de los ejercicios a las condiciones individuales y prevenir lesiones.
Además, es importante escuchar al cuerpo y respetar sus límites. Durante la perimenopausia, las mujeres pueden experimentar fatiga o molestias, por lo que es esencial ajustar la rutina según las necesidades diarias.
Mantener una alimentación equilibrada y una hidratación adecuada complementa los beneficios del ejercicio.
Cómo el ejercicio ayuda a prevenir síntomas y complicaciones en la perimenopausia
El ejercicio terapéutico no solo mejora el bienestar general, sino que también actúa como un aliado para prevenir y aliviar diversos síntomas asociados a la perimenopausia.
Por ejemplo, ayuda a regular los sofocos y sudoraciones nocturnas al mejorar la circulación y la termorregulación del cuerpo.

Asimismo, la actividad física contribuye a estabilizar los niveles hormonales, lo que puede reducir la intensidad de cambios de humor y episodios de ansiedad. La mejora en la calidad del sueño también es un factor clave para manejar la fatiga y el estrés.
En cuanto a complicaciones a largo plazo, el ejercicio disminuye el riesgo de osteoporosis, enfermedades cardiovasculares y diabetes tipo 2, condiciones que se vuelven más comunes después de la menopausia.
Por lo tanto, incorporar una rutina de ejercicio terapéutico es una estrategia efectiva para promover una transición saludable y activa hacia esta nueva etapa de la vida.
